Domingo Mar 21

¡Para vos Monterrey!

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C9Lunes 22 de junio; el inicio de semana no pudo haber sido mejor con la presencia de ANDRÉS CALAMARO en la ciudad de Monterrey. Las 1,000 butacas del Auditorio Luis Elizondo lucieron prácticamente llenas para recibir al músico argentino, quien en sus inicios también formó parte de bandas como Los Abuelos de la Nada y Los Rodríguez.

El llamado “Salmón” inició su show en punto de las 8:45 p.m., vestido completamente de negro, con tenis plateados, chaleco ajustado, gafas obscuras, y un séquito de 6 músicos que le acompañaron y cobijaron durante toda la presentación. El set de canciones comenzó con “La parte de adelante” que de inmediato despertó el coro colectivo de todos los presentes; le siguieron las extraordinarias “Carnaval de Brasil” y “Mi gin tonic”, ambas extraídas de su más reciente disco de estudio “La lengua popular”.  El público se puso de pie desde el principio y regaló una gran ovación a CALAMARO, quien agradeció sinceramente: “¡Monterrey; muchas, muchísimas gracias!”.

La noche continuó con la fuerza melódica y poética de ANDRÉS CALAMARO, quien prendió fuego y llenó de luminosidad el recinto con canciones como “Donde manda marinero”, “Media Verónica”, “Todavía es una canción”, “Elvis está vivo”, “Para seguir” y “Todo lo demás”. Para cuando llegaron “El día de la mujer mundial” con su fabulosa introducción y cierre con los acordes de “Stairway To Heaven” de Led Zeppelin, y “Los aviones”, la gente ya se encontraba completamente envuelta en la sutil atmosfera generada por CALAMARO. Luego vino el momento más íntimo de la noche con ANDRÉS y su tecladista Tito Dávila ejecutando una serie de buenos tangos que dejaron al descubierto las raíces musicales y personales del músico sudamericano. Así, “Jugando con fuego” y “Los Mareados” transportaron a todo el público hasta el Río de la Plata en Buenos Aires, Argentina. “¡Esto es para vos Monterrey!”, dijo CALAMARO al micrófono en medio de los gritos de la gente.

C3Después, se incorporó el resto de la banda para ejecutar “Copa Rota” de la época de los Rodríguez, “Hacer el tonto”, así como el lindo homenaje de ANDRÉS CALAMARO al Coloso de Santa Úrsula, el santuario del futbol, el impresionante “Estadio Azteca”. De ahí vino la presentación de los músicos, Julián, Geny y Diego García en las guitarras, Candy Caramelo en el bajo, José Bruno Niño en la batería, y el ya mencionado Tito Dávila en los teclados. De hecho, curiosamente CALAMARO no tocó en ningún instante el teclado como lo hace habitualmente, sólo utilizó su guitarra Fender Telecaster color verde esmeralda, que fue su fiel acompañante de la noche.

El extraordinario juego de luces de la producción, la gran ecualización del audio, aunado a los cinco paneles que fungieron de pantallas al fondo del escenario, enaltecieron aún más la presentación del argentino, quien siguió enviando dardos poderosos con rolas como “El salmón”, “Los chicos”, “Tuyo siempre”, “A los ojos” (también de Los Rodríguez) y “Días distintos”, durante la cual CALAMARO recibió una boina que le aventaron del público, y que no dudó en ponérsela por algunos instantes. Siguieron “Me estás atrapando otra vez”, “Crímenes perfectos”, en la que ANDRÉS recibió tres rosas rojas; “Me arde”, en la que le aventaron algunas playeras de futbol y dos chavas lograron librar la seguridad para subir corriendo para abrazar al cantante; “Alta suciedad”, que fue uno de los momentos más rockeros de la noche; y “Paloma”, con imágenes del propio CALAMARO con un toque de nostalgia, y con la que se despidió del público regiomontano a las 10:43 p.m.  El grito de “oe, oe, oe, Andreeés, Andreeés”, con las manos moviéndose en el aire al mero estilo de la hinchada futbolera, fue la mejor forma de agradecimiento del público, y la solicitud de más canciones. Por supuesto que ANDRÉS CALAMARO y sus músicos correspondieron esta muestra de afecto, y retornaron unos minutos después para cerrar el concierto con un encore de 2 canciones. Las elegidas fueron “Canal 69” y “La Flaca” que como verdadero himno de CALAMARO, simbolizó un abrazo fuerte entre músicos y público, y un cierre apoteósico que estremeció la superficie de la piel.

 

Algunos pidieron “Para no olvidar”, también se extrañaron “Mil horas” y “Sin documentos”, sin embargo con la entrega total de ANDRÉS, con cada uno de sus movimientos, con cada verso, cada estrofa, cada acorde y cada canción, dejó claro el por qué es considerado como uno de los grandes del rock hispanoamericano.  Sin poses, sin glamour, sólo intensidad, poesía, entrega, fuerza, honestidad y un puñado de grandes composiciones, ANDRÉS CALAMARO vino recordar que la sangre corre vertiginosamente por cada una de nuestras venas, que la paz existe, y que la vida también se nutre de bellos e inolvidables instantes.

En video

"Flaca" en Auditorio Luis Elizondo

"Mi Gin Tonic" en Auditorio Luis Elizondo

Fotos

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